Tu sombra, ¿quién eres en tu sombra? Una vez escuché el concepto de nuestra sombra, y desde entonces no dejo de pensar en ello, tratando de averiguar si soy capaz de autoanalizarme y ver quien soy en mis tinieblas, ¿qué se esconde en mi trastero, en mi inframundo? ¿qué bestias siniestras habitan en las profundidades de mi corazón? Muchas veces no podemos ni siquiera imaginar, ni tan siquiera adivinar qué es aquello que nos domina y nos condena, sobre todo cuando entramos en un modo de funcionamiento distinto y básico, algo así como nuestro software básico.

La verdad es que se trata de una búsqueda tremendamente inquietante, que nos proyecta hacia una realidad fea y grotesca, una visión torpe y siniestra de nuestro yo, esa imagen imperfecta y sórdida de uno mismo que no somos capaces de reconocer en condiciones normales. Pero … ¿qué es lo normal? Porque quizás hay personas que viven en su versión siniestra y sombría toda su vida o gran parte de ella, no sé si de forma consciente, o como resultado de alguna transformación vital que les lleva a lo más profundo del abismo, donde habitan nuestros seres más siniestros y pérfidos. ¿Qué se percibe como lo normal? Es algo que no es nada convencional, sino que más bien se trata de ¿un rol que se adecua de forma adecuada a las convenciones sociales? Podría ser, porque seguramente ser normal dependerá mucho de en qué sociedad habites y qué valores tengas.

En ocasiones he pensado en lo que los horrores de las confrontaciones humanas provocan, o esas situaciones vitales traumáticas y persistentes que transforman a seres humanos bellos en auténticas bestias humanas que ya no distinguen el bien del mal, y de como las personas son capaces de entrar en zonas de sí mismos absolutamente desconocidas que les devoran la mismísima personalidad hasta transmutar su raciocinio y los valores fundamentales que les distinguen como seres humanos. La guerra es un perfecto ejemplo de ello, y resulta verdaderamente revelador descubrir como algunas personas sufren verdaderas atrocidades, en mitad de contiendas imposibles y llenas de perversa humanidad, que no duda en cometer las mayores barbaries que se pueden ni siquiera imaginar. Personas que regresan de conflictos bélicos destruidas mentalmente, y atormentadas para el resto de sus días por la visión de la miseria y el despropósito humano, de la ausencia de valores morales hasta niveles imposibles. Personas que no vuelven a dormir jamás bien, que escuchan voces, que oyen gritos y lamentos, que huelen la muerte, porque sí. también la muerte huele y se oye. Es el ensordecedor ruido de inmisericordia y la miseria humana elevados a la enésima potencia. Y ahí, es justo ahí, donde las sombras de los hombres aparecen con mayor vividez, con mayor claridad, con auténtico pavor, revelando verdaderos psicópatas que parecían inofensivos vecinos de comunidad, de habitación, de trabajo, de clase …. personajes imbuidos en una maldad especial y retorcida que duele hasta las entrañas, que apesta a miedo, a rencor, a miseria, a venganza. Esas sombras son revelaciones de lo que somos en nuestra profunda psique, en el sótano de nuestro abismo personal, donde encerramos el mal y los malos pensamientos.

Pero vuelvo a mi idea original de la sombra, ¿quien es esa sombra que nos habita? ¿Realmente la conocemos y reconocemos? No sé si realmente quiero saberlo pero sí me gustaría saber si sería capaz de liberar una sombra deforme y discordante de mi propia personalidad. Sospecho que sí, pero no sé en qué situaciones, no sé cómo ni por qué. Me alivia pensar que eso tan solo sucedería en situaciones límite y extremas, donde probablemente las leyes de la lógica convencional y la moral desaparecen. Y también quiero pensar en mi fortaleza de espíritu para saber ser quien soy y mantener la rectitud de mis convicciones morales y éticas, pero tan solo es una suposición, ya que en las sombras todo es incierto y la perversidad devora toda posibilidad de lógica predecible. Y aun así, confío en mi integridad moral para superar lo insuperable. Y así debería ser ¿no?

Pensemos pues por un momento en posibilidades, en opciones, en formas posibles. Todos creemos tener grandes valores, o al menos un conjunto de ellos bastante acorde con las expectativas sociales, pero realmente ¿somos capaces de controlar la negatividad … el odio, la envidia, el rencor, la perfidia, la maldad, la crueldad? Sólo recuerdo una vez en mi vida en la que algo de mi cambió y casi conscientemente pude detectarlo. Pero en la soledad y la tranquilidad del silencio encontré la fuerza y el coraje para adandonar ese personaje que me invadía. Fueron momentos de presión, de presión extrema, de una tensión desbordante y asfixiante, que hicieron que parte de mi sombra aflorara, mostrando el filo de las garras y el dolor de lo inconfesable. Hacer públicos los pensamientos es algo aterrador casi siempre, algo que desnuda el alma y que la convierte en blanco fácil de aquellos que creen tener la solución a todo, pero sólo son unos débiles jugando a ser jueces, vestidos a mantos de credibilidad y honestidad. Pero la realidad más brutal a veces es ensordecedora, es infinitamente feroz e implacable, e incomprensible ante los ojos de quien lo ven como un espéctaculo circense y no como una tragedia personal y una batalla en las profundidades del yo. Porque pelear en esas profundidades requiere mucha valentía, mucha entereza, mucha fragilidad y mucho riesgo personal. Siempre me recuerda al gran libro de mi adorado J.R.R. Tolkien, quien en su «El señor de los anillos», en uno de sus pasajes, describe como Gandalf lucha con un demonio arcano, antiguo, perteneciente a las profundidades del abismo mismo, y como después una lucha despiadada y denodada le derrota, pero vaga durante días y semanas por parajes oscuros y siniestros de las profundidades de la Tierra, como un vagabundo, hasta que encuentra su salida al mundo y al sol y la luz del mundo. Ese viaje le transforma, le cambia para siempre, le convierte en un ser sabio y profundo, que es capaz de ver lo que los demás no ven, de sentir lo que los demás no sienten y pasa de una forma simbólica a ser Gandalf el Blanco. Pasaje muy bonito y evocador de lo que un viaje interno y profundo puede cambiar a un ser humano, y donde ese viaje puede destruirle o bien transmutarle en el más sabio de cuantos le rodean.

La vida está llena de decisiones. Contínuamente tomamos decisiones, muchas de ellas casi inconscientes, y algunas otras de una consciencia y transcendencia que sabemos que trastocarán nuestro mapa vital. Y nuestra sombra es uno de los viajeros que llevamos dentro que nos acompañan en esas decisiones, nuestro Pepito Grillo que nos da opciones, intuiciones, consejos, y nos ayuda a transitar la vida.

Uno no debe dejar que su sombra se apodere de él, o quien sabe si uno en su sombra es el personaje que quiere ser y el que desea. Si no es así, y esconde oscuros matices de uno mismo, debemos dejar que esa parte de nosotros conviva con nosotros pero en ese desván y en esa cueva sórdida donde debe habitar, para no perturbar la sana virtud de la consciencia feliz.

Por ddreams

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