Hace un tiempo comprendí algo que nunca había entendido en su perfecta dimensión, la diferencia entre la casa física (house) y la casa emocional (home) u hogar, pero lo cierto es que el día que lo comprobé era tan patente que la diferencia tenía tintes más que aparentes. Así que a lo que llamamos casa habitualmente hay que darle una revisión permanente, porque puede que no siempre se ajuste a la casa emocional que necesitamos, allí donde habita nuestra alma de forma pacífica, serena y en zapatillas. Parece una obviedad, y lo es, es cierto, pero muchas veces tenemos que hacer recuento de lo que tenemos, cómo lo tenemos, dónde lo tenemos y con quien. Es verdaderamente importante sentirse feliz y en el lugar adecuado, y no sólo un día, sino todos los días, de lo contrario morimos un poco cada día, desaparecemos y nos desdibujamos en una realidad a la que nos acostumbramos pero que no conseguimos encajar.

¿Tienes casa? ¿Te has preguntado eso antes? ¿Qué tipo de casa tienes? ¿Te esperan? ¿Quien te espera? Son preguntas sencillas, pero esconden una profundidad demoledora, como un martillo gigante que nos cae encima. Sí, responder a eso sin vacilar, y sin dar excusas, y con la convicción y contundencia de que en efecto estás a gusto con tu casa, tu hogar, es más que una declaración y certificación de felicidad, o al menos en un gran porcentaje.

Volver a casa es volver a tu refugio, a tu guarida, a aquel sitio adonde perteneces o donde te encuentras a ti mismo en la forma más pura. A veces, volver a casa no es sólo un lugar físico, sino un lugar emocional donde te reconoces, reconoces ese niño, ese chaval que fuiste, esa persona que siente de una forma libre y desatada de los convencionalismos y clichés sociales. Es algo así como un sinónimo muchas veces de volver a tus raices, a lo que sabes hacer, a quien realmente eres. Y aquí, quizá encontramos un conflicto, y es que ¿acaso lo que somos en otros momentos no es lo que de verdad somos en nuestro interior o es que hay una fuerza que nos dicta una forma de ser alternativa para abordar la realidad? , y ¿lo que somos no es algo que evoluciona, que cambia, o es que hay una parte de nosotros que no lo hace? Cada uno tiene sus respuestas, porque sólo cada individuo conoce sus interioridades, su pasado y su presente.

Cuando vuelves a casa, esperas todo aquello que puedes reconocer y que te hacer sentir como siempre. Quizá unos olores que siempre asocias a tu casa, a lo mejor los sabores de esos platos que te llevan a tu infancia, puede que ese ritmo de vida que reconoces perfectamente y se ajusta a lo que te resulta cómodo. En definitiva, reconoces tu casa, tu entorno, tu gente, tus cosas, o quizá tan solo reconoces que allí tu eres tu en su más amplio sentido de la razón. Porque tu casa, la casa emocional, es un lugar de sanación, de renacimiento, de restauración, donde todo vuelve a su ser, al menos en su base emocional.

Sé que parece muy obvio esto que digo, pero en la mayor parte de las ocasiones no consideramos esto de forma consciente, y sin embargo es tremendamente relevante. Existen personas que durante años viven en casas que no son sus hogares, son tan sólo sus casas físicas, un contenedor de cosas físicas que les hace sentirse aparentemente cómodos o parcialmente cómodos, porque resuelven sus necesidades físicas de espacio e intimidad, pero a menudo no son los hogares o casa emocionales, porque carecen de alma, y el ambiente emocional está cargado de una gran negatividad que lo vuelve totalmente tóxico.

Hay personas que parecen tenerlo todo, y que disponen de enormes riquezas y comodidades, pero muchas veces carecen de hogar, sólo poseen cosas físicas e incluso personas. Esas personas vagan toda su vida en una existencia vacía aunque aparentemente exitosa, pero que alberga un vacío tan inmenso como el cosmos, y donde nadie te puede oir. Y por el contrario, existen personas que viven con escasez de existencias físicas y de grandes comodidades, pero que poseen el hogar más precioso y preciado que se pueda tener, el de la felicidad, el de la complicidad, el del amor y empatía, y donde pueden ser ellos en su más grande expresión.

Como final a estas letras, quiero que penséis en esto muy detenidamente y decidáis si vuestra casa es vuestro hogar o al menos lo más parecido a él. Y si no es así, tenéis una gran pregunta y una respuesta en vuestras manos.

Por ddreams

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